9 de mayo de 2013



BARCELONA




Pequeñas minorias


Aquellos veintipico que nos hacen replantearnos nuestra vida como si fuésemos a morir mañana.  Un momento trascendental en nuestra corta vida. Un punto de inflexión

Mucha gente describe ese momento como una especie de bifurcación dónde se barajan varias opciones que pueden condicionarnos para siempre y, entre las cuáles, solo hay que escoger una. Al mismo tiempo, una pequeña minoría se encuentra silenciosamente perdida entre una muchedumbre que circula en todas direcciones.

Aquellas crisis interiores en las que cualquier consejo es en vano, pues necesitamos estar solos para encontrarnos a nosotros mismos. ¿Quién soy? NO LO SÉ. La misma sensación que provoca comenzar a ver una película empezada, hallarnos en medio de una conversación que no nos interesa o encontrarnos a una persona con la que no nos queremos cruzar por la calle. 


PARC GÜELL


Creemos que todavía no ha llegado el momento de tomar decisiones. Gozamos en nuestra inmadurez. Queremos recuperar aquella inocencia perdida. Emborracharnos perdidamente. Saltar en colchonetas elásticas. Darnos otro primer beso. Lanzarnos en paracaídas. Bailar locamente. Sonreír sin motivo. Disfrutar de los pequeños detalles.

El problema reside en que somos demasiado mayores para algunas de esas cosas (aunque no para todas). Puede que esa inmencionable crisis resida en una intolerancia a los cambios, una alergia a la responsabilidad o, tal vez, por miedo a saltar. 

¿Cómo vamos a hacer todo eso sin equivocarnos, sin tomar decisiones, sin volvernos mayores, sin arrepentirnos, sin volver atrás, sin miedo, sin perder la esencia?

Aquellos que tienen suerte. Aquellos que dudan. Los que no. Aquellos que vemos de vez en cuando. Los que nos solucionan la vida. Aquellos que se van pero no nos sueltan del todo. Los que nos acompañan siempre. Aquellas personas prescindibles. Las imprescindibles. Aquellos que no nos entienden. Los que sí. Aquellos que creen que nos conocen, pero no. Los que callan. Aquellos que nos complementan. Los que nos abandonan. Aquellos que nos juzgan. Los que no. Aquellos que no vuelven. Los que se quedan. 

Todas aquellas minorías que nos definen, nos traen recuerdos, nos sacan una sonrisa y nos hacen únicos. Puede que en ese imprevisible e inminente montón de cambios, sean ellas las que no nos quiten la esencia.




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