3 de noviembre de 2011

Hoy

PLAYA DE LA ZURRIOLA. SAN SEBASTIÁN.




La poca gracia de la palabra hoy no tiene nada que ver con los diferentes significados que puede tener en un día cualquiera. El hoy de ayer no es lo mismo que el hoy de mañana, ni el hoy de hace dos años, ni será el mismo hoy del mismo día a la misma hora y en el mismo sitio en un año distinto. Después de veinticuatro horas pierde su significado, se desvanece y se reinicia.

El hoy de ayer me recuerda a que ayer creía otras cosas que no creo ahora, me recuerda que fui otra persona que no soy ahora, me recuerda a mucha gente que he conocido, a los pocos sitios en los que he estado, a lo poco que me aproveché de aquellos segundos que nunca voy a recuperar.

El hoy de ayer me recuerda todas las risas en aquel bar de la esquina de la playa, todas aquellas cervezas que me hacían reír despreocupadamente, que me hacían hablar sobre cosas insignificantes, que me hacían perder la noción del tiempo. Me recuerda al tacto de arena en los pies, al olor del mar, al frío de las noches de verano, a la buena compañía, me recuerda que crecemos tan rápido como envejecemos, me recuerda que maduramos cuando queremos, tan tarde como nunca o tan pronto como hoy, pero nunca antes de ayer.

Hace tiempo alguien me dijo que debería recordar las cosas cuando están tan claras como el agua y olvidarme de ellas cuando solo me susurran como voces desordenadas en mi cabeza y no me dicen más que palabras que me molestan.


Hoy es un día para recordar ayer. Un día para no pensar en mañana y guardar todos aquellos recuerdos en una caja, mientras que todas las sonrisas se quedan grabadas en una cinta de video, que puedo mirar una y otra vez.

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